Jeff

3 de November de 2020 Off By Francesc Box

Escrit en algun moment de finals del 2004 des de Kabalo, República Democràtica del Congo.

No sé su nombre, ni dónde nació, ni cómo fue su infancia, ni su edad. Pero yo lo llamaré Jeff. El otro día visitando el hospital lo vi. Estaba en el suelo, apoyado en la pared del exterior de uno de los pabellones. Podría tener entre 6 y 8 años. Aquí es difícil de decir. En Europa, un niño de 4 años no hace nada más que jugar y comer. Aquí un niño de esa edad cuida de sus hermanos menores, carga pesados fardos en su cabeza y trabaja en el campo.

Jeff es la sombra de lo que debería ser. Es un esqueleto con algo de piel por encima. Sufre desnutrición severa y su cara marca profundamente los huesos. Los brazos no son más anchos que un palo de escoba. Las piernas, largas y delgadas, están llenas de enemas; sus rodillas y pies, hinchadísimos.

Pero la cara, esa cara, jamás se me olvidará. Tiene los pómulos muy salidos, los ojos hundidos en las cuencas. En definitiva es un esqueleto con piernas, y no digo andante porque no puede caminar. Tal vez los sanitarios estén acostumbrados a estos cuadros, pero para un no sanitario como yo, la visión de estos niños aún me impresiona mucho, y rezo para que nunca me llegue a insensibilizar tanto como para que no me impresione.

Por la tarde nos enteramos que un enfermero del hospital, enfermo desde hacía meses, acaba de morir. Como la mayoría del equipo lo conocía, decidimos ir al entierro.

Aquí los entierros no tienen nada que ver con lo que conocemos. Primero vamos al velatorio, en casa del difunto. Cuando llegamos vemos una fiesta impresionante, gente tocando guitarras hechas por ellos mismos y cantando alegremente. Cantan en ki-swahili, así que no nos enteramos de nada. Vemos a los hombres a un lado y a las mujeres al otro. A nosotros, como somos los blanquitos (mzungu, nos llaman), nos dejan sentarnos todos juntos. Dentro de la casa se oyen llantos y chillidos, suponemos que de los familiares más cercanos, porque aquí casi todo el mundo está emparentado de alguna u otra manera.

Al cabo de un rato, empieza la comitiva, unos cuantos hombres sacan a hombros el féretro, hecho con madera donada por MSF para la ocasión. Vamos todos en procesión hacia el cementerio. Detrás del féretro todo el mundo va cantando alegremente y tocando las guitarras. Todo esto bajo una fina capa de lluvia que va y viene, con intervalos de extrema calor y humedad. Aquí un nacimiento pasa sin pena ni gloria, pero un entierro es una fiesta colectiva. Al cabo de unos veinte minutos de marcha llegamos al cementerio. Deduzco eso porque hemos llegado a una zona del bosque llena de túmulos con cruces, porque no hay ninguna valla o cartel que lo indique.

En la zona designada alguien ya ha cavado un agujero en el suelo, depositan el féretro en el fondo, y luego da comienzo una larga charla, primero en swahili por el pastor de la iglesia y luego otra charla dada por el director del hospital, su jefe, en la que repasa la vida, tanto personal como laboral, del difunto.

Una vez terminados los panegíricos, la gente empieza a echar paladas de tierra encima del ataúd. Todos se van turnando para cubrirlo. En el entierro participa todo el pueblo. Al final no sólo se limitan a cubrirlo hasta el nivel del suelo, sino que quitan tierra de alrededor y van cubriendo el contorno de lo que sería el féretro hasta que el túmulo se levanta casi medio metro por encima del nivel del suelo, y a la cabecera del mismo clavan una cruz de madera en el suelo. Luego la comitiva se vuelve a dirigir hacia el pueblo, cantando y tocando las guitarras. Me comentan que el duelo y, por tanto, los cánticos, duraran 3 días; y como el difunto era originario de otra región y aun no habían llegado sus familiares, los trabajadores del hospital se irán turnando estos tres días hasta que lleguen.

Por la tarde pregunto por Jeff.

Murió de madrugada.

Cuesta aceptar que alguien pueda morir de hambre, y más un niño. Pero así es África, no para de recordarte que aquí la vida es dura, y que mientras nuestros culos blancos están bien arropaditos preparando los regalos y las comilonas de Navidad, aquí niños con pinta de esqueleto mueren durante la noche de hambre, tuberculosis, o cualquier otra enfermedad relacionada con la miseria y la falta de acceso a medicamentos y servicios esenciales.

Hoy es domingo, acaban de llamar a mi compañero médico nutricional porque un niño del CNT (Centro Nutricional Terapéutico, donde llegan los niños desnutridos) se está muriendo. Ha cogido el coche y he ido al hospital.

Acaba de volver.

El niño ha muerto.

Seguimos en África.

Intento quedarme con imágenes como ésta, pero hay días en que cuesta mucho