Kabalo 6 febrer 2005

3 de November de 2020 Off By Francesc Box

La parte anterior la empecé a escribir hace muchos días, pero hasta hoy no me he podido poner a acabarla. Llevó algo más de 2 meses aquí y, aunque empiezo a notar los efectos del cansancio de este “estilo” de vida, cada día estoy más contento de estar aquí y, sobretodo, más orgulloso de formar parte de esta gran familia de locos románticos e idealistas que vamos saltando de desastre en desastre, intentando aportar un poco de calidad de vida a estas poblaciones olvidadas y discriminadas por lo que llamamos mundo “civilizado”.

Esta vida es dura, y muy agotadora, tanto física como mentalmente, pero las recompensas que recibes cubren con creces el desgaste. El otro día fui con el coche a recoger a un grupo de flacos que nos traían en barca para llevarlos al hospital. Entre ellos venia un niño que media 50cm de altura y pesaba unos 3,5Kg. No está nada mal para un recién nacido, el problema es que este niño tiene un año y medio.

Aquí la gente dice que no se mueren de hambre, ni de tuberculosis, ni de sida: se mueren de Congo. Y el tomar conciencia de que tu presencia marca para esta población la diferencia entre la vida y la muerte, junto con las risas de los flacos cuando empiezan a ganar peso, te dan las fuerzas y motivaciones para seguir adelante.

Las risas de los flacos, mi sueldo mensual

Como dice un compañero de fatigas, ponemos un pequeño parche en un tanque de agua que tiene mil agujeros. No vamos a ser nosotros quienes solucionemos los problemas del Congo. La situación nos sobrepasa. Sólo damos segundas oportunidades, y de alguna forma somos una ventana al mundo “civilizado”, en donde el Congo podría integrarse si la dejaran descansar tranquila, reponerse de sus heridas y explotar sus recursos en beneficio de su gente.

No somos mejores. Quizá somos diferentes. Pero este trabajo nos legitima. Hemos dado un paso adelante, que de alguna forma nos permite no ser cómplices de este genocidio por omisión que significa el perenne olvido que sufre África. Y ese poco, es mucho.

Estas palabras no son mías, son de un mega-crack que ha estado por aquí de Coordinador Médico. Y precisamente esta es una de las grandezas de este trabajo, de formar parte de esta familia: el poder cruzarse con personas que te enriquecen, tanto personal como profesionalmente. Es un orgullo y un honor trabajar con ellas.

A todos y todas que aguantáis estas idas de olla, un gran abrazo desde el culo del mundo.

A lutta continua!!