República Democrática del Congo

3 de November de 2020 Off By Francesc Box

El Congo es un país fatigoso, que abruma y deprime. Pero aquellos que amen África, deben pasar por el Congo, sufrir el impacto de su hermosura y también de su dureza. Sin ir al Congo, nadie puede decir de una manera justa que conoce África. El Congo forma parte de la esencia de África, está en su médula y en su corazón. Es un territorio de dolor, no es el África de los safaris luminosos y las tiendas de campaña al aire libre. No es el África de los rugidos mayestáticos del león en las praderas infinitas. En un África opresiva, agobiadora, que entra en tu alma como una puñalada de realidad sufriente y de belleza incomprensible. No hay que ir ahí si uno quiere pasar la vida entre sonrisas. Pero quien busque la verdad de África, y quién sabe si del mundo, debería intentar hacer una parada en el Congo.

(Javier Reverte, Vagabundo en África)

No se me ocurría otra manera de describir lo que es este país que las mismas palabras con que Javier Reverte lo describió. Quien haya leído este libro, o El Corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, seguramente habrá quedado prendado de las descripciones que de este país y de su rio hacen ambos escritores. Pues no tiene ni punto de comparación con lo que se siente estando aquí y viéndolo en persona.

Como dice Reverte, este no es un país de alegrías. Es un país de miserias, dolor y pobreza que se lo debe todo a uno de los mayores déspotas que ha parido madre, Mobutu Sese Seko, quien accedió al poder en 1965 después de un golpe de estado y reinó con mano de hierro hasta 1997. 32 años de dictadura donde instauró la cleptocracia, y donde el robo y el pillaje se instauraron en la cultura congolesa. El mismo Mobutu dijo en un discurso a la gente que “robara, pero poco a poco”. En otro discurso, hablando a su pueblo, les dijo: “sé que las cosas os van mal, tal vez deberíamos añadir a la constitución un nuevo artículo, el 15: arregláoslas como podáis” (“Il faut se debrouiller”). Dejó de pagar al ejército y a todos los funcionarios estatales. Cuando el país alcanzó la independencia, en todo el Congo los licenciados universitarios se podían contar con los dedos de las manos, creo que no pasaban de diez. Mobutu pretendió aumentar el nivel del país y ascendió un grado a todos los estamentos. En los hospitales los enfermeros pasaron a ser automáticamente médicos, y es famosa la triste historia de un nuevo médico que en una operación, al querer anestesiar al paciente, le aplicó el contenido de una bombona de butano.

Dejó el país en la más absoluta miseria, y eso se nota al recorrer este país. Se adivinan estructuras como estaciones y aeropuertos que en los años 60 seguramente estarían en pleno apogeo y ebullición, pero que ahora no son más que un montón de escombros y cobijo para animales o cientos de retournés que vuelven a sus casas después de muchos años de guerra. El robo forma parte de la cultura de este país. Los soldados y policías, algunos de ellos aún niños, sin salario desde hace años, se han acostumbrado a vagar por los caminos asaltando y robando, pues de otra manera no podrían sobrevivir.

Vía de tren sobre el río Congo, que en este punto hace 800 metros de ancho

Otra característica de este país es el rio que le da nombre, el mítico Rio Congo. Quien lo haya visto como yo, a las 6 de la mañana mientras amanece, o justo antes de anochecer, sabrá a lo que me refiero. Es mágico, te atrapa y te seduce. Cerca de aquí hay un puente que lo cruza, el único rehabilitado después de la guerra, que hace 1035m de largo, y en ese punto el rio hace 800 metros de ancho. Es la única vía de comunicación entre los pueblos de aquí.